
La iluminación de una cocina moderna es un aspecto importante y de plena actualidad, especialmente cuando los días se acortan, aumentan las ganas de preparar platos reconfortantes y las sombras que se proyectan sobre la encimera resultan tan molestas como unas luces demasiado intensas que llegan a deslumbrar. ¿Cuál es equilibrio adecuado para una iluminación eficaz en la cocina?
La luz natural del exterior debe ser la primera fuente de iluminación a tener en cuenta, ya desde la fase de diseño de la vivienda. Lo ideal es que incida lateralmente sobre las superficies de trabajo. A esto hay que añadirle una clara planificación de la luz artificial, que debe diseñarse tanto para garantizar una óptima visibilidad, con iluminación directa o de acento, como para homogeneizar la sensación luminosa mediante una iluminación indirecta o de ambiente en zonas concretas. Este último tipo goza además de gran aceptación por la sensación de calidez y el confort que transmite, algo muy reconfortante al volver a casa tras largas jornadas exigentes durante los meses más fríos.
Entre las diversas soluciones disponibles, destacan las traseras luminosas, que pueden ser de vidrio, de placas cerámicas o incluso incorporar un panel magnético compatible con accesorios imantados para organizar los utensilios. Las primeras suelen ofrecer tanto iluminación directa como indirecta. De igual manera, las barras equipadas luminosas y los perfiles LED colocados en vitrinas o librerías pueden proporcionar, según las necesidades, una iluminación práctica o una luz ambiental.



